Y como es costumbre, escribo el día en que se acaba mi ciclo, el de los 16. Extrañamente este 1 de enero no me siento triste, pero si siento un millón de sensaciones más... ¡Han pasado tantas cosas!... y no hay nadie que pueda desmentirlo.
Lloré (más que en cualquier otro momento de mi vida), sentí dolor, angustia, culpabilidad y mucha... mucha tristeza, pero también jugué, reí, disfruté, sonreí (más que en cualquier otro momento de mi vida). Y aquí estoy otra vez, creyendo tener absolutamente todo (porque está claro que eso no es más que una mentira), haciendo y pensando mucho más de la cuenta, diciendo más de la cuenta.
¡Lo hecho, hecho está! .. y dicen que no hay vuelta al pasado.
Todo lo que dejé atrás es todo lo que soy.
Gracias. En serio.
Hasta adquirir capacidad jurídica, ¡hasta la ciudadanía!